¿QUIENES SOMOS?

¿QUIENES SOMOS?

NUESTRO PRESBITERIO.

El Nuevo Sacerdocio de Cristo es la opción de fe del Ser para llevar una vida consagrada a Cristo y ponerse bajo su directa y tangible conducción, sirviendo a su Plan, y caminar bajo su guía en pos de la meta de llegar a la Voluntad del Padre y poner por obra su designio.

El Sacerdocio de Cristo está compuesto por todas las personas que en conciencia y por voluntad hemos dado los pasos en el Nacer de Nuevo y hemos sellado nuestro renacimiento por compromiso Bautismal. 

Todo Sellado por Agua y Fuego en el Bautismo recibe el Don de Espíritu Santo y como tal ES UN SACERDOTE de CRISTO, de la LEY de CRISTO. Ese Sacerdocio es llamado: “Presbiterio”, o “Sacerdocio Presbiteriano”.

Por este Bautismo hemos Nacido de Nuevo, y con el Presbiterio tenemos la posibilidad de purificarnos, de hacernos dignos discípulos de Cristo. Es decir, el Presbiterio no es una meta ni es un final; es más bien un inicio: la mayor puerta que se nos abre para entrar al Servicio Directo del Reino Celestial; y es una restauración personal que nos conducirá a VIVIR en Cristo y sellar la Santa Pertenencia al Padre Creador.

El servicio al Plan del Reino, y poner por Obra la voluntad del Padre, nos exige ser personas de Vida Espiritual; es decir, de práctica de Oración, Meditación y Discernimiento; y obedecer los preceptos del Evangelio y de la Ley de Consagración, llevando sus preceptos y orden a todas las áreas del Ser. Vivir como Dios nos enseña y mandata.

Es Cristo quien guía a su Sacerdocio. La brújula que orienta al Consagrado es La Sabiduría del Espíritu Santo: la Madre Sabiduría que nos permite comprender y vivir la Sabiduría del Cristo Vivo.

El Presbiterio, es un Sacerdocio de Servicio al Reino de Dios; nuestro rol fundamental es ser el centro de acción entre los creyentes expandiendo el Evangelio de Cristo, liberándolos de las confusiones que la apostasía ha inoculado en las gentes.

Es por ello que entregamos a las personas de Fe en Cristo herramientas espirituales para que puedan aplicar y enfrentar las cosas cotidianas de su vida y de la relación consigo mismos, siempre desde una mirada espiritual y en coherencia con el Orden de Cristo; en modo que el creyente pueda conocer y amar a Dios haciendo propio sus preceptos y fundamentos que Cristo nos hereda en Su Gracia;  y quede cada persona de fe en condiciones de tomar opciones de vida trascendentes pero ahora conscientes de La GRACIA, a saber: “Con Cristo hemos sido redimidos -Por La Gracia y En La Gracia-  Y por ‘los Hechos de Salvación’ los Hombres hemos recuperado la vigencia del Espíritu de Dios Creador en nosotros; que desde estos Hechos de Salvación  no nacemos en pecado sino que nos hacemos al pecado, pero por Arrepentimiento y Perdón nos liberamos de deudas y deudores y somos vencedores de todo pecado . Que nadie desde este portento salvador ‘muere’ sino que todos entramos en la LEY DE RESURRECION, en donde seremos medidos de acuerdo a la coherencia de fe que pusimos en práctica estando en vida carnal.  Y por esta victoria de nuestro Dios Vivo los infiernos están cerrados, y la vía al Padre está abierta por el Espíritu Original restaurado por Cristo en el Hombre”.

Por lo mismo, servimos a la causa de la Salvación y redención del Hombre porque hacemos parte del Plan de Cristo, y por su Mandato enseñamos a los creyentes la Fe Viva de la certeza en Cristo y la Ley de Resurrección.

El Poder del presbítero es la Oración, y por ella hacemos nuestra labor santa entre los creyentes, enseñando a Cristo, llevando la sanidad de Cristo a todo quien lo acepte y reconozca, y proponiendo guiar al creyente hasta el Bautismo que Cristo concede.

El ejercicio leal del presbiterio deja al sacerdote en grado de ser llamado por Cristo a formar parte de la Orden de Melquisedec: El Sacerdocio del Altísimo, en donde se entra en vía directa para Sellar la Pertenencia al Padre Creador.